Suave caer de plumas de almohada reventada,
Bajo condenada luz que da valor a dos palabras.
Temblor de venas, tensión de látigos que atizan
A cinco zurdas bestias: papel en blanco, pluma
En mano:
Te amo… ¡Te amo!
F.J.G.G.
"No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos." Hermann Hesse (1877 - 1962)
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Viejo Piano
Un piano de cola se emblanquece por el polvo,
Y sólo la oscuridad del trastero le recuerda su negrura,
Pulida por notas de sus entrañas en tantas noches.
La tapa de sus teclas se asemeja a la de un ataúd,
Cerrado por un vil sepulturero ávido de silencio.
La cruel quietud arropa al piano con el polvo,
En un gris manto opaco, que lo sella en el tiempo mudo.
¿Dónde quedaron las noches de música llenas?
Mientras se reflejaban en sus cuerdas de plata las estrellas,
Y el vino se derramaba sobre él enrojeciendo su madera,
Al compás en que se enrojecían las mejillas de mil parejas.
¿Dónde el tintineo de las copas haciéndole la competencia?
O el suave beso deseado durante cientos bailes,
Dibujado en sonrisas y miradas de más y más notas presas.
¿A dónde voló la gracia de un joven y enamorado pianista?
O el encanto que vibra al alba una póstuma melodía.
Ni los años saben a dónde fueron aquellas veladas, ya inciertas…
Y cierto sólo es que allí está el piano, solo y gris en un cuarto,
Viendo pasearse a través del ventanal al Sol y a la Luna,
Al tiempo que el polvo sigue cubriendo su galante negrura,
Soñando en que algún día alguien se aventure en la penumbra
Y, suspirando como él, abra su tapa para condenar al silencio,
Con la nota perdida de una pulsación profunda…
(8 de enero de 2010)
F.J.G.G.
Y sólo la oscuridad del trastero le recuerda su negrura,
Pulida por notas de sus entrañas en tantas noches.
La tapa de sus teclas se asemeja a la de un ataúd,
Cerrado por un vil sepulturero ávido de silencio.
La cruel quietud arropa al piano con el polvo,
En un gris manto opaco, que lo sella en el tiempo mudo.
¿Dónde quedaron las noches de música llenas?
Mientras se reflejaban en sus cuerdas de plata las estrellas,
Y el vino se derramaba sobre él enrojeciendo su madera,
Al compás en que se enrojecían las mejillas de mil parejas.
¿Dónde el tintineo de las copas haciéndole la competencia?
O el suave beso deseado durante cientos bailes,
Dibujado en sonrisas y miradas de más y más notas presas.
¿A dónde voló la gracia de un joven y enamorado pianista?
O el encanto que vibra al alba una póstuma melodía.
Ni los años saben a dónde fueron aquellas veladas, ya inciertas…
Y cierto sólo es que allí está el piano, solo y gris en un cuarto,
Viendo pasearse a través del ventanal al Sol y a la Luna,
Al tiempo que el polvo sigue cubriendo su galante negrura,
Soñando en que algún día alguien se aventure en la penumbra
Y, suspirando como él, abra su tapa para condenar al silencio,
Con la nota perdida de una pulsación profunda…
(8 de enero de 2010)
F.J.G.G.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Réquiem de trincheras
Trenes que al roncar abrieron paso en sombras,
mientras silenciaron sus adioses en el humo,
hondeando pañuelos de temblor ennegrecidos
con consuelos hilados de anillos y palabras.
Abrir. Primavera, verano, otoño, invierno.
Vivo mirar al rojo como el cañon que dispara,
mirando el uno por vivir y el otro mirando
de deshilar los cielos de cada mirada. Cerrar.
Mochilas volviendo sin traer sus pisadas.
Resurreciones desde las trincheras, en llantos
de mujeres sosteniendo camisa de sangre y polvo.
Campanadas de huesos rotos y almas arrebatadas.
Tiendas de roto celeste de viejas campañas
sostenidas por columnas de purpureo aullido,
que acaban en capiteles de ojos que se cerraron
para arder de puestas y noche sus pestañas.
F.J.G.G.
mientras silenciaron sus adioses en el humo,
hondeando pañuelos de temblor ennegrecidos
con consuelos hilados de anillos y palabras.
Abrir. Primavera, verano, otoño, invierno.
Vivo mirar al rojo como el cañon que dispara,
mirando el uno por vivir y el otro mirando
de deshilar los cielos de cada mirada. Cerrar.
Mochilas volviendo sin traer sus pisadas.
Resurreciones desde las trincheras, en llantos
de mujeres sosteniendo camisa de sangre y polvo.
Campanadas de huesos rotos y almas arrebatadas.
Tiendas de roto celeste de viejas campañas
sostenidas por columnas de purpureo aullido,
que acaban en capiteles de ojos que se cerraron
para arder de puestas y noche sus pestañas.
F.J.G.G.
Arena
Arena, te vas lenta y suave,
Entre mis yemas rasposas,
Sin rencor ni sarna, suave,
Te vas sin darte a conocer.
De la agobiante playa,
De la desierta cima,
Eres del tiempo hermana.
Te vas, te vas Arena...
Caes rápida de mi mano,
Para volver al mundo.
Eras suya, ahora es tuya (alma).
No seré yo, suave Arena,
El que con agonía te retenga.
Te vas, Arena, Arena suave,
Te vas sin mí, te vas sin nadie.
(27 de marzo de 2008 - Primer poema a M.F.B.)
F.J.G.G.
Entre mis yemas rasposas,
Sin rencor ni sarna, suave,
Te vas sin darte a conocer.
De la agobiante playa,
De la desierta cima,
Eres del tiempo hermana.
Te vas, te vas Arena...
Caes rápida de mi mano,
Para volver al mundo.
Eras suya, ahora es tuya (alma).
No seré yo, suave Arena,
El que con agonía te retenga.
Te vas, Arena, Arena suave,
Te vas sin mí, te vas sin nadie.
(27 de marzo de 2008 - Primer poema a M.F.B.)
F.J.G.G.
viernes, 2 de diciembre de 2011
La Caída de Córdoba
Ramos al suelo de rosas.
Temblorosa noche mora,
ve pasar al mayo florecido,
trayendo cristianos cantos de victoria.
Se oyen arábigos acentos
bajo las herraduras;
cabalgar de sangrientos trofeos
de media luna,
arrastrados por La Cruz católica.
- ¡Ay, Alá! Que muere Córdoba...
Ramos al suelo de rosas.
Lágrimas de mezquita,
de fuentes al aire borboteando
vencidas, edificando en el reflejo
del Guadalquivir minaretes,
para que naveguen las gentes a llanto,
mientras van arrojando sueños al agua
viendo cómo la noche se desangra.
- ¡Ay, Alá! Que muere Córdoba...
Ramos al suelo de rosas;
y en la Mezquita, La Cruz católica.
A una de mis patrias, con el Alma eterna de Oriente...
F.J.G.G.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Caladas de ti
Trompetas de óxido funden sus metales,
silban contra las rojas cortinas
sus últimos soplos, rudos cual huracanes.
- ¡Prometo que ésta es mi última calada!
Luego ya sólo deseo asfixiarme de ti,
quedar desarmado, tragarme todo besándote.
Y entra por la ventana la hoz de la luna,
para dejar su piel desnuda y herir su carne.
Los dedos de amarillenta, viciosa nicotina,
sin llegar a tocarla, sus cenizas esparcen.
Él es un aliento; ella un rostro de difusa
vida, semejante a hilos de humo que ascienden.
F.J.G.G.
silban contra las rojas cortinas
sus últimos soplos, rudos cual huracanes.
- ¡Prometo que ésta es mi última calada!
Luego ya sólo deseo asfixiarme de ti,
quedar desarmado, tragarme todo besándote.
Y entra por la ventana la hoz de la luna,
para dejar su piel desnuda y herir su carne.
Los dedos de amarillenta, viciosa nicotina,
sin llegar a tocarla, sus cenizas esparcen.
Él es un aliento; ella un rostro de difusa
vida, semejante a hilos de humo que ascienden.
F.J.G.G.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Áridas lenguas
Las áridas lenguas de la sabana gotean,
Y los baobabs son silueta en el cielo,
Sombra en el aire y charco seco en la tierra.
A sus pieles de sed, sorprenden mil muertes
Cada atardecer indeciso, que ni viene ni va,
Con el mordisco de un sin perdón de estrellas.
Esfumando sus Elíseos de ébano,
Las mentes hunden en gargantas de hiena,
En risotadas pusilánimes, sus ojos vacíos,
En busca de un hilo para llorar en la boca
Del niño que naciera. Las áridas lenguas, sueñan:
Si por nosotros vertiesen las tardes su sangre
En las noches, y si las noches fueran pozo,
Y si bastara soñar en milagro de vino hecho agua.
Las áridas lenguas, sueñan, de día y de noche,
Definitiva y desesperadamente sueñan.
F.J.G.G.
Y los baobabs son silueta en el cielo,
Sombra en el aire y charco seco en la tierra.
A sus pieles de sed, sorprenden mil muertes
Cada atardecer indeciso, que ni viene ni va,
Con el mordisco de un sin perdón de estrellas.
Esfumando sus Elíseos de ébano,
Las mentes hunden en gargantas de hiena,
En risotadas pusilánimes, sus ojos vacíos,
En busca de un hilo para llorar en la boca
Del niño que naciera. Las áridas lenguas, sueñan:
Si por nosotros vertiesen las tardes su sangre
En las noches, y si las noches fueran pozo,
Y si bastara soñar en milagro de vino hecho agua.
Las áridas lenguas, sueñan, de día y de noche,
Definitiva y desesperadamente sueñan.
F.J.G.G.
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