Reventaron los almohadones,
Volaron los gansos que soñaste
Cuando tu cara era de porcelana.
A contraluz se vieron las plumas,
Caligrafiando en el polvo
Que entrañaba la voz de tu infancia.
F.J.G.G.
"No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos." Hermann Hesse (1877 - 1962)
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viernes, 20 de enero de 2012
jueves, 19 de enero de 2012
Despierta Praga
Praga se quedó con aquella sensación de que todo era para siempre.
Virutas de perla llovida, tejidas en sus cabellos,
le han hecho una diadema, del color de la plata seca.
Mira al frente, y el horizonte está rabioso,
atiborrado de vicios que se traducen en espesa niebla.
Sus manos marmóreas, mantienen a peso
toda la paciencia de los besos de escarcha,
que quieren despertar en él una tormenta.
La niebla viscosa y el sol que se va riendo por matarla,
la plata y la luna maldita que se prepara para afilarla:
caen perlas enteras, se congelan las arañas.
Conmovida por una crepitar de campanadas,
la paciencia se arma con los hilos que tiemblan;
las manos que la sostienen, agradecen los latidos
que han leído el conjuro para soplar su letargo;
las primeras gotas construyen sobre viejos charcos
una sinfonía, mientras las perlas resbalan por su cuerpo.
Los dedos desnudos acarician confusos, con eco,
el corazón de su arpa, mientras las lágrimas se evaporan;
y las perlas son tan abundantes que su valor,
pasa a ser el de la nada.
La diadema se funde mojando, plateando su cuello,
y la luna se muere de rabia.
El vicio huye y vuelve bajo el puente Carlos.
Al anochecer, las notas de un loco que se cree Apolo,
han despertado a Praga.
Escrito el 12 de diciembre de 2010.
F.J.G.G.
domingo, 8 de enero de 2012
Fantasmas
Avatares del silencio,
Sombras en el cementerio
Que recitan de memoria
El frío de sus crucifijos.
Almas rezando por reposos
Que no llegan, desde lápidas
Perdidas en la atemporal
Incertidumbre de los siglos.
Cuerpos que en sus abismos
Se aventuran al infierno
Para burlar a los diablos;
Almas vivas de los muertos,
Que en la voz de los vivos
Brillan en el firmamento.
F.J.G.G.
Sombras en el cementerio
Que recitan de memoria
El frío de sus crucifijos.
Almas rezando por reposos
Que no llegan, desde lápidas
Perdidas en la atemporal
Incertidumbre de los siglos.
Cuerpos que en sus abismos
Se aventuran al infierno
Para burlar a los diablos;
Almas vivas de los muertos,
Que en la voz de los vivos
Brillan en el firmamento.
F.J.G.G.
sábado, 7 de enero de 2012
Sagrada Bestia
Fiera de Arabia, casualidad de arena en el aire,
Que barres en tu cabalgar los mares polvorientos,
Vientos que rompen lluviosos cielos en tus ojos
Para fundar oasis, a los que triste va el Profeta
A derramar sus lloros bajo tu rampante sombra,
Que trae para su consuelo los ecos de la luna
En imperturbable reposo.
F.J.G.G.
Que barres en tu cabalgar los mares polvorientos,
Vientos que rompen lluviosos cielos en tus ojos
Para fundar oasis, a los que triste va el Profeta
A derramar sus lloros bajo tu rampante sombra,
Que trae para su consuelo los ecos de la luna
En imperturbable reposo.
F.J.G.G.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Un nieto, un abuelo y la pena (para ti, Eli)
Él, preguntó por la pena,
Tan niño como era;
Con el desparpajo del que aun,
Por menudo, está completamente loco.
Que grande, aquella palabra,
Para esa boca como una salvaje fresa.
- “Pena… Pena… Pena”.
El abuelo aspiró, hinchando sus carnes
Hasta poner la piel totalmente tersa,
Y al ver en un charco de agua su cara
Joven otra vez, voló la vista al cielo.
Entonces, dijo al nieto:
- “¡Ay! Mi nieto… ¿Qué es? Yo no sé.
Pero hay tantas, tantas, y tantas cosas,
Que merecen la pena…”
Cosas... y personas como tú, amiga mía. Éste va por ti, Poetisa.
Abrazos Gran Reserva y besos de bombón, Eli maravillosa.
F.J.G.G.
Tan niño como era;
Con el desparpajo del que aun,
Por menudo, está completamente loco.
Que grande, aquella palabra,
Para esa boca como una salvaje fresa.
- “Pena… Pena… Pena”.
El abuelo aspiró, hinchando sus carnes
Hasta poner la piel totalmente tersa,
Y al ver en un charco de agua su cara
Joven otra vez, voló la vista al cielo.
Entonces, dijo al nieto:
- “¡Ay! Mi nieto… ¿Qué es? Yo no sé.
Pero hay tantas, tantas, y tantas cosas,
Que merecen la pena…”
Cosas... y personas como tú, amiga mía. Éste va por ti, Poetisa.
Abrazos Gran Reserva y besos de bombón, Eli maravillosa.
F.J.G.G.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Vivo
Vivo en un prometerme continuo del reloj, siempre en el segundo siguiente, allí donde la aguja se hunde, punzante como jamás antes, sin llegar a hacer brotar sangre de las primeras tumbas de la - post - existencia. Entonces, el extraño chorro que surge del mundo es simple pasar, simples minutos restados a la pila que anima a la calculadora de la eternidad; minutos descompuestos a cientos de cadáveres que son de mí, como las raíces, pretérito. Soy el tiempo contado por monumental de unos codos clavados como columnas, que sostienen una nublada cabeza entregada al histérico parpadeo del desconocimiento inasumible.
En el desvanecimiento del sudor, derramo mis vitalidades constantes a base de pulsos forzosos contra nuevos nacimientos, sucedidos irremediablente uno tras otro. Y quisiera vivir más lentamente, más tranquilo, sin dejarme tanto en evidencia, más canalla y siempre más desnudo, notándose las venas cansadas y la piel más amarillenta de caladas de silencio.
Vivo en el constante, infinito nacer del que muere a cada minuto desaprovechado, en cada palabra vana, en insuficientes piropos y sobrantes insultos, en miradas al vacío que besan la tierra mientras todo, menos el polvo, se les ecapa.
F.J.G.G.
En el desvanecimiento del sudor, derramo mis vitalidades constantes a base de pulsos forzosos contra nuevos nacimientos, sucedidos irremediablente uno tras otro. Y quisiera vivir más lentamente, más tranquilo, sin dejarme tanto en evidencia, más canalla y siempre más desnudo, notándose las venas cansadas y la piel más amarillenta de caladas de silencio.
Vivo en el constante, infinito nacer del que muere a cada minuto desaprovechado, en cada palabra vana, en insuficientes piropos y sobrantes insultos, en miradas al vacío que besan la tierra mientras todo, menos el polvo, se les ecapa.
F.J.G.G.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Viejo Piano
Un piano de cola se emblanquece por el polvo,
Y sólo la oscuridad del trastero le recuerda su negrura,
Pulida por notas de sus entrañas en tantas noches.
La tapa de sus teclas se asemeja a la de un ataúd,
Cerrado por un vil sepulturero ávido de silencio.
La cruel quietud arropa al piano con el polvo,
En un gris manto opaco, que lo sella en el tiempo mudo.
¿Dónde quedaron las noches de música llenas?
Mientras se reflejaban en sus cuerdas de plata las estrellas,
Y el vino se derramaba sobre él enrojeciendo su madera,
Al compás en que se enrojecían las mejillas de mil parejas.
¿Dónde el tintineo de las copas haciéndole la competencia?
O el suave beso deseado durante cientos bailes,
Dibujado en sonrisas y miradas de más y más notas presas.
¿A dónde voló la gracia de un joven y enamorado pianista?
O el encanto que vibra al alba una póstuma melodía.
Ni los años saben a dónde fueron aquellas veladas, ya inciertas…
Y cierto sólo es que allí está el piano, solo y gris en un cuarto,
Viendo pasearse a través del ventanal al Sol y a la Luna,
Al tiempo que el polvo sigue cubriendo su galante negrura,
Soñando en que algún día alguien se aventure en la penumbra
Y, suspirando como él, abra su tapa para condenar al silencio,
Con la nota perdida de una pulsación profunda…
(8 de enero de 2010)
F.J.G.G.
Y sólo la oscuridad del trastero le recuerda su negrura,
Pulida por notas de sus entrañas en tantas noches.
La tapa de sus teclas se asemeja a la de un ataúd,
Cerrado por un vil sepulturero ávido de silencio.
La cruel quietud arropa al piano con el polvo,
En un gris manto opaco, que lo sella en el tiempo mudo.
¿Dónde quedaron las noches de música llenas?
Mientras se reflejaban en sus cuerdas de plata las estrellas,
Y el vino se derramaba sobre él enrojeciendo su madera,
Al compás en que se enrojecían las mejillas de mil parejas.
¿Dónde el tintineo de las copas haciéndole la competencia?
O el suave beso deseado durante cientos bailes,
Dibujado en sonrisas y miradas de más y más notas presas.
¿A dónde voló la gracia de un joven y enamorado pianista?
O el encanto que vibra al alba una póstuma melodía.
Ni los años saben a dónde fueron aquellas veladas, ya inciertas…
Y cierto sólo es que allí está el piano, solo y gris en un cuarto,
Viendo pasearse a través del ventanal al Sol y a la Luna,
Al tiempo que el polvo sigue cubriendo su galante negrura,
Soñando en que algún día alguien se aventure en la penumbra
Y, suspirando como él, abra su tapa para condenar al silencio,
Con la nota perdida de una pulsación profunda…
(8 de enero de 2010)
F.J.G.G.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Un sillón en el alma
Sillones en el alma,
tejidos a base de nidos de telaraña,
tiene el que, sentado, se siente viejo.
Sillones en el alma,
dónde encuentran hueco los fantasmas
sumados día a día a sus espaldas.
Sillones en el alma,
rodeados de gestos en paredes blancas.
Fotografías en sepia, blanco, negro.
Se ve a sí mismo el viejo,
en la televisión mal sintonizada.
F.J.G.G.
tejidos a base de nidos de telaraña,
tiene el que, sentado, se siente viejo.
Sillones en el alma,
dónde encuentran hueco los fantasmas
sumados día a día a sus espaldas.
Sillones en el alma,
rodeados de gestos en paredes blancas.
Fotografías en sepia, blanco, negro.
Se ve a sí mismo el viejo,
en la televisión mal sintonizada.
F.J.G.G.
jueves, 17 de noviembre de 2011
El cielo
Firmamento de profundidades
en sí lejanas;
cielo de olores a incienso,
desprendidos de nubes
que lloran por ser auroras.
Patria dónde el más rico
es quien paga con sus ojos,
captando el brillo del lucero.
Firmamento de profundidades
en sí remotas. Cielo...
En él trabajan de día las estrellas;
de noche, comercian
en mercados dónde los dioses
dan permiso para nacer
a los sueños.
Firmamento de profundidades
por sí poéticas. Nuestra
noche, nuestro tiempo
nuestros dioses. Nosotros,
firmando en él a base de recuerdo.
F.J.G.G.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Tras leer el Werther

Estaba vacía de horizonte la hora,
y las hojas del Werther,
rotas y envejecidas en el balcón,
volaron empapadas
a mis manos sin huellas dactilares,
borradas por el sudor.
Vacía estaba de dirección la hora,
y el sol de los charcos,
ahogados de norte y de hondo sur,
silenciaron la nube
aullante de este y oeste, y lejanía,
y quedó paz y quietud.
Eran huída los truenos y la brisa,
y maldición la lluvia.
Las horas leyendo en el balcón,
pasado y presente
ya eterno, eran pétreo monumento
regalado al bobo amor.
Todo eso fue aquella hora eterna,
y el alma y la mente,
fue un despertar contra el atardecer.
Y yo y el Werther,
ahora, somos la paz de un naufragio
bajo el último rayo de sol.
F.J.G.G.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Falta de inspiración
Muerden el polvo las sílabas
impronunciables de mis pisadas.
Del sol sólo se intuye ceguera.
Veo una hoja cubierta de miradas.
Nieve, polvo, lluvia. Vacío. Nada.
Nada que decir. Nada más que nada.
Y el tiempo es mordaza, mientras.
Nada más que nada. Sólo el tiempo.
Y de lo demás esperar, quizás,
para menos que nada más que nada.
F.J.G.G.
impronunciables de mis pisadas.
Del sol sólo se intuye ceguera.
Veo una hoja cubierta de miradas.
Nieve, polvo, lluvia. Vacío. Nada.
Nada que decir. Nada más que nada.
Y el tiempo es mordaza, mientras.
Nada más que nada. Sólo el tiempo.
Y de lo demás esperar, quizás,
para menos que nada más que nada.
F.J.G.G.
jueves, 20 de octubre de 2011
Allá, donde el aire es azul
Allá, donde el aire es azul,
allá en la honda grieta del tiempo
hecha por el crepitar del lucero:
Agujeros de alfiler, en el cielo;
anclas en las estrellas, hilos
sosteniendo la marioneta del mundo,
meciendo el genio y el drama mundano
de los preciosos segundos humanos.
Allá, donde el aire es azul,
en el azul cielo siempre añorado.
F.J.G.G.
allá en la honda grieta del tiempo
hecha por el crepitar del lucero:
Agujeros de alfiler, en el cielo;
anclas en las estrellas, hilos
sosteniendo la marioneta del mundo,
meciendo el genio y el drama mundano
de los preciosos segundos humanos.
Allá, donde el aire es azul,
en el azul cielo siempre añorado.
F.J.G.G.
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